miércoles, 4 de septiembre de 2013

QOYLLURWASI: Un asteroide con nombre quechua




Qoyllurwasi: Un asteroide con nombre quechua
En homenaje al quinto aniversario del Planetario Nacional “Mitsumi Ishitsuka” ubicado en Lima y perteneciente al IGP (Instituto Geofísico del Perú),  la Unión Astronómica Internacional (IAU) ha nominado al asteroide 17603 con el nombre quechua de QOYLLURWASI que significa “Casa de las estrellas”.
El nuevo asteroide había sido descubierto en setiembre de 1995 por los astrónomos japoneses Kin Endate y Kazuro Watanabe,  y luego de  su verificación fue bautizado recientemente como asteroide 17603 Qoyllurwasi=1995 SG5.
El pequeño asteroide orbita entre Marte y Júpiter y pertenece al llamado “Cinturón de Asteroides” que son miles de pequeños fragmentos de un planeta que, probablemente, no llegó a formarse a causa de la enorme gravedad del gigantesco Júpiter.
El nombre quechua de este nuevo asteroide nos llena de orgullo porque es un reconocimiento a la lengua general que se hablaba en el Imperio Inkaico,  y que todavía es hablada por miles de pobladores de los Andes en varios países de nuestra América del Sur. Quienes estudiamos y amamos la cultura andina (que todavía conserva muchos de sus valores y sus manifestaciones culturales como el idioma quechua) agradecemos esta distinción que honra a nuestra cultura.
La gestora de esta buena idea fue la Srta. Shiomi Nemoto de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón y a quien le expresamos también nuestro agradecimiento.
 
Deseamos al Planetario Nacional del IGP muchos éxitos en su misión de alcanzar a la comunidad  los servicios de un moderno y bien equipado planetario. Que todo su equipo de jóvenes profesionales sigan el buen ejemplo y trabajo de Mitsumi Ishitsuka (Un gran investigador de la física solar) para continuar cosechando logros y éxitos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

MISMINAY: El pueblo de los observadores de estrellas


 
 
“Qoyllur qhawaqkuna llaqta” o “El pueblo de los observadores de estrellas” es el nombre con que recientemente los pobladores de Misminay han rebautizado a su comunidad. Ocurrió luego de concluir un taller ( julio de 2013) de recuperación de sus saberes astronómicos ancestrales promovido por la Asociación Wings, perteneciente a la empresa Cóndor Travel (Coordinación de Victoria Rodríguez y Alessia Kossmehl)  y el Planetarium Cusco (con su Director Científico Erwin Salazar).
Misminay es una comunidad campesina ubicada a unos 50 Km de la ciudad del Cusco, muy cerca de Moray, en Maras, Urubamba. La conforman dos poblados: Maullak’as y Misminay. Este lugar se hizo muy  conocido  gracias a los estudios realizados por el antropólogo norteamericano Gary Urton, hacia fines de los años ’70 del siglo anterior. Urton había recibido noticias de que en Misminay todavía se conservaba la antigua organización socio-económica y territorial del inkanato, así como también se guardaban los antiguos conocimientos astronómicos de sus antepasados. Acudió al lugar, expuso sus motivos,  y luego de ser aceptado por la población vivió con ellos por casi un año observando y recopilando información antropológica de gran valor.
Al cabo de un tiempo, en 1981, publicó en los Estados Unidos su libro “At the Crossroads of the Earth and the Sky” o “En el cruce de rumbos entre el cielo y la tierra”, según la versión castellana del año 2005. Este libro hizo que Urton cobrara notoriedad y le sirviera de base para seguir haciendo investigaciones en el mundo andino, en especial, con el tema de los qhipus.
Mientras tanto y con el paso de los años la comunidad de Misminay se fue despoblando debido a su aislamiento y  la falta de oportunidades para sobrevivir en mejores condiciones. Sus pobladores, influidos por la modernización de los pueblos de su entorno, terminaron por migrar hacia las ciudades de Urubamba y Cusco. Quedaron pocas familias las que, continuando sus viejas tradiciones, siguen habitando el pintoresco lugar.
En tiempos recientes la empresa Cóndor Travel y la Asociación Wings se interesaron por apoyarlos dándoles la oportunidad de mejorar sus ingresos económicos a través del llamado “turismo vivencial”. Este proyecto les traería turistas y visitantes que desearan conocer de cerca la vida y actividades de los campesinos conforme a la usanza antigua: Su agricultura tradicional usando herramientas ancestrales,  sus tejidos con materiales y motivos propios y, finalmente, aprovechar sus noches estrelladas para mostrar a los visitantes el cielo que observaron sus antepasados. El proyecto está en marcha y muchas casas han sido adecuadamente preparadas para la recepción de visitantes a los que se les brinda un buen servicio y una estadía  placentera, pues comparten las vivencias propias de una comunidad campesina y su modo de vida. Sin duda, una experiencia inolvidable que invita a visitar Misminay.
El Planetarium Cusco en alianza estratégica con la Asoc. Wings  decidió apoyar este proyecto en el aspecto que corresponde a la astronomía ancestral implementando talleres de capacitación para sus pobladores pues ellos, con el paso de los años y la migración de su gente, habían perdido mucho de aquellos saberes astronómicos que le sirvieron a Gary Urton para su libro.
Fue penoso comprobar que en solo el tiempo que dura una generación se había perdido mucho de ese conocimiento. Interrogando a los miembros de la comunidad nos  encontramos con la ingrata sorpresa de no encontrar la información que habíamos leído en el libro de Urton. Volvimos a revisar la tradición oral de la comunidad, consultamos con los habitantes de mayor edad,  y complementamos con otros conocimientos  que eran necesarios para dar una idea global de lo que se pretendía. Ahora los pobladores de Misminay, debidamente capacitados, pueden mostrar con mucho orgullo y en forma práctica  las estrellas y constelaciones del mundo estelar andino a sus visitantes. Esperamos que el trabajo  realizado produzca frutos en un tiempo breve.
Finalmente, deseamos agradecer a la Asoc. Wing por darnos la oportunidad de contribuir con el rescate de los saberes astronómicos de la comunidad de Misminay y de ese modo ayudar a afianzar nuestra  identidad cultural.

Foto superior: Gráfica de las constelaciones oscuras en la puerta del salón de reuniones de Misminay.

Foto Inferior: Comunidad de Misminay
 

miércoles, 14 de agosto de 2013

Un grano de polvo cósmico llamado INTI



Un grano de polvo cósmico llamado INTI

Una mota o partícula de polvo que fue capturada de la cola de un cometa y que representa la materia primordial que formó el Sistema Solar, tiene su nombre en nuestro idioma quechua: Se llama INTI, en homenaje al dios Sol de los Inkas.

La información aparece en el último número (Julio de 2013) de la prestigiosa revista National Geographic, edición en Español, en el artículo titulado “Todo empezó en un caos” (Pags. 16 al 30). Allí se plantea una nueva hipótesis acerca de la historia del Sistema Solar,  según la cual la materia pesada (metales) que se formó, a muy altas temperaturas, en las proximidades del Sol, aparecen extrañamente formando parte de cometas que llegan desde las regiones más alejadas del Sistema. El artículo abunda en información acerca de la distribución de la materia en los planetas y los cambios orbitales que éstos sufrieron a través de millones de años a causa del bombardeo meteórico que modeló el Sistema Solar.

La mota o partícula de polvo llamada INTI, fue capturada por una sonda espacial no tripulada de la NASA, llamada “Stardust” (Polvo de estrellas), lanzada por los Estados Unidos. La misión consistió en acercarse a un cometa llamado Wild 2 y obtener muestras de la materia que se desprende del cometa y que forma su cola cuando se acerca al Sol. En efecto, en enero de 2004 la sonda Stardust abrió una “trampa” hecha de aerogel, un material parecido a una esponja pegajosa, y atrapó miles de motas de polvo. Luego de varias maniobras orbitales volvió a la Tierra en 2006,  dejando caer una cápsula con las muestras de polvo cometario en el desierto de Utah, USA.

Los científicos,  usando un poderoso microscopio electrónico,  analizaron el polvo cometario hallando, estupefactos, que este material contenía minerales exóticos como el tungsteno y el nitruro de titanio, elementos que solo pueden formarse a muy elevadas temperaturas y cerca del Sol (1700° C). Entones, ¿Qué proceso violento lanzó este material hacia los confines del Sistema Solar? El artículo abunda en información científica para explicar este fenómeno y lo hace en un lenguaje asequible para todos. Un tema fascinante y actual que vale la pena leerlo.

INTI representa un reto científico y una novedad importante pues se creía, hasta hace poco, que el componente principal de todos los cometas eran el agua y los gases congelados.

Lo destacable de la NASA es que haya designado con un nombre quechua (el gran idioma unificador del Tawantinsuyu) a esta partícula cósmica que constituye un eslabón  importante para explicar la naturaleza de la materia prima que dio origen a nuestro Sistema Solar.
Fotos: NASA
Foto superior: Sonda Stardust
Foto inferior: Interior del aerogel con las partículas de polvo cometario que fueron atrapadas.



viernes, 5 de julio de 2013

LAS SAYWAS DE URUBAMBA

                                          Foto 1
                                          Foto 2



 
Las Saywas de Urubamba: Sobrevivientes de la “Extirpación de Idolatrías”

Al llegar los hispanos al Tawantinsuyu, en el siglo XVI, descubrieron que la religión inkaica era muy diferente y contraria a su fe católica. Adoraban al Sol, a la Luna, a las estrellas, a la Tierra. ¡Horror!, el demonio estaba ahí, en la naturaleza, en los elementos,  y en los astros, según la visión religiosa fanática de los advenedizos.

Poco tiempo después, y una vez sometido militarmente el imperio, se procedió no solo al saqueo de su inmensa riqueza, sino al brutal sometimiento de su pueblo al servicio de la corona española. Al mismo tiempo se inició una misión evangelizadora (nada respetuosa, ni fraterna, ni humana) para reemplazar la religión “demoníaca” de los “conquistados” por la fe católica, única y verdadera según el entendimiento del invasor.

Recordemos que en aquellos días la “religión única y verdadera” que traían los hispanos permitía, entre otras cosas, la esclavitud de los seres humanos, el genocidio de pueblos indígenas, el saqueo y el libertinaje de sus “soldados de la fe” como métodos de conquista. Poco valor tenían los pueblos indígenas de América y que estaban muy lejos de la metrópoli.

Este proceso de evangelización fue violento y cruel pues la llamada “Santa Inquisición” hizo la tarea del verdugo, y todo indígena que se resistiera simplemente era ejecutado sumariamente y sus bienes confiscados. Todos sus lugares sacros donde se hacían sus rituales religiosos (Wakas) fueron sistemáticamente destruidos por orden de la corona.

Las saywas o sukanqas, grandes columnas pétreas que servían como marcadores astronómicos, tenían categoría de wakas y por ello también fueron borrados del entorno geográfico. La orden de la corona era que antes de proceder a la destrucción de una waka  se debía sentar un acta para certificar su existencia y destrucción, el nombre del lugar, su ubicación, el uso que se le daba a la waka, las familias involucradas en su mantenimiento y rituales, etc., para luego proceder a su desaparición hasta que no quede de ella “piedra sobre piedra”. Como recomendación final, el Concilio de Lima de 1551-1552, disponía: “…que las huacas sean derrumbadas, y en el mismo lugar, si fuera decente, se hagan iglesias o al menos se ponga una cruz”.

De esta manera se destruyeron nos menos de 328 wakas  sólo en el área del cusco, desapareciendo para siempre la evidencia física de los lugares de culto de la religión inkaica. Sin embargo, esta medida extrema e irrespetuosa no fue impedimento para que la gente no olvide estos lugares píos. Las numerosas cruces que abundan en la ciudad así como los lugares donde quedan sus vestigios líticos siguen siendo mudos testigos de aquellas wakas donde la religión natural de nuestros ancestros (respetuosa de la ecología y de los dioses de otros pueblos vencidos) se manifestaba en sus rituales.

En Urubamba, en el cerro llamado Saywa, al N-E de la ciudad, han quedado en pie (¡Oh, milagro!) los restos de dos saywas o sukanqas de uso astronómico que servían para registrar el solsticio de invierno (Inti Raymi) y establecer con ellos el inicio del año nuevo andino y los calendarios. No sabemos si su difícil acceso (está sobre un elevado y abrupto cerro), su ubicación lejana al pueblo, o tal vez la desidia de las autoridades religiosas de la zona para hacer cumplir la orden de destrucción,  haya sido la “feliz causa” de su salvación. Al parecer, lo único que se hizo fue derrumbarlas parcialmente hasta minimizarlas y colocar encima de una de las saywas una cruz de madera que actualmente se venera cada 3 de mayo, día de la Santísima Cruz. (Foto 1)

Este año hemos comprobado gratamente que las saywas han sido restauradas para darle el aspecto que probablemente hayan tenido en época de los Inkas. (Foto 2). La cruz de madera, símbolo de la extirpación de idolatrías, ha sido reubicada en una ermita a cierta  distancia  de las saywas. Una medida acertada que aplaudimos.

Felicitamos también a quienes dispusieron y ejecutaron tal obra porque de esa manera estaremos rescatando la prueba más sólida de la existencia demarcadores astronómicos que nuestros Inkas usaron para elaborar los eficientes calendarios que les permitieron tan elevado nivel de organización.

Solo faltaría que en los próximos meses o años sean restituidos los otros tres conjuntos de saywas que completaban este sistema de observaciones astronómicas  de los solsticios y que estaban ubicados en sendas montañas en los alrededores de los dominios de Qespiwanka, conocido también por el nombre de “El Palacio de Wayna Qhapaq”, en Urubamba. Sería una obra monumental que valide lo que fue la maravillosa astronomía Inka.

 
Créditos de las fotos:
Foto 1: Jorge Abel Guevara www.panoramio.com
Foto 2: Roberto Valencia.

lunes, 27 de mayo de 2013

Qoyllurit'i: Connotaciones Astronómicas

 
 
Qoyllurit’i: Connotaciones Astronómicas
El presente artículo no pretende abarcar todo el acontecer de la celebración de la peregrinación a Qoyllurit’i, solo se circunscribirá a los aspectos astronómicos implícitos en esta gran celebración religiosa andina.
Para nadie es extraño hablar de las vinculaciones de esta celebración andina y el Hanan Pacha (cielo), empezando por el nombre del lugar: Qoyllurit’i, que se forma por la unión de dos palabras quechuas: Qoyllur, que es estrella, y Rit’i, nieve; así tenemos que una traducción literal nos llevará a definirla como “La  nieve de las estrellas” o tal vez “La estrella de la nieve”. Algunos estudiosos manifiestan que la primera palabra no es “qoyllur”, sino “qoyllo”, referida más bien al brillo blanquecino de la nieve. Desde nuestra perspectiva creemos que la primera definición es la más correcta en base a los siguientes argumentos:
 
Desde tiempos inmemoriales los pueblos andinos hacían peregrinaciones a montañas consideradas como deidades protectoras, los llamaban Apus, a los que se acudía en ciertas épocas  para homenajearlos con rituales y ofrendas muy elaborados, y merecer, por reciprocidad, sus favores. Si estas montañas eran las más elevadas y coronaban sus cumbres con nieve, tanto mejor.
Desde esas altas montañas era posible observar, en la época de la peregrinación,  el momento en que hacía su aparición la constelación estelar más importante del mundo inkaico: la Qollqa o Qoto, conocido en occidente como Las Pléyades, durante su primera aparición helíaca (la primera visión de una estrella antes de la salida del Sol), muy cerca al horizonte, al Este. Esta observación de la Qollqa o Qoto tenía una importancia muy especial por sus implicaciones calendáricas y en especial, porque habría sido una fiesta a las estrellas para celebrar el tránsito de un año que fenecía a otro nuevo que debía empezar con nuevos bríos y esperanzas.
La Qollqa o Qoto (Las Pléyades) luego de permanecer invisible durante unos 45-47 días en los que se encontraba  cerca del Sol (conjunción), vuelve a aparecer en el cielo de la madrugada. En tiempo de los Inkas este cúmulo de estrellas desaparecía en el cielo del anochecer, hacia el horizonte del noroeste, en la primera mitad del mes de abril (ahora lo hace entre el 26-27 de abril), volviendo a ser visto en el cielo de la madrugada en la tercera semana del mes de mayo (ahora ocurre esta aparición entre el 10 y 12 de junio). Luego de un ciclo visible de 318 días  (cercano al número de Seqes que habían en el Cusco antiguo) y agregando el tiempo de su desaparición del cielo completa un tiempo de 365 días que determinaba el calendario contabilizado por la observación de este cúmulo. Los cambios de fechas entre la antigüedad y nuestra época se deben al movimiento de Precesión de los Equinoccios que sufre la Tierra y que va haciendo variar la posición de las estrellas en el cielo a lo largo del tiempo.

Buena parte de este estudio fue realizado en la década de los años setenta por el científico norteamericano Robert Randall que planteó su hipótesis basado en sus investigaciones en Qoyllurit’i. Lastimosamente Randall murió antes de publicar sus conclusiones y solo nos legó artículos sueltos en revistas especializadas en los que adelantó algunos de estos conceptos. Los otros detalles astronómicos son aportes de Tom Zuidema y del autor de este blog.
 
Las Pléyades, cúmulo estelar conspicuo del cielo andino, eran la representación de las qollqas (graneros o depósitos) que los Inkas tenían en todo el Tawantinsuyu. Su primera aparición helíaca marcaba la época de la culminación de la gran cosecha de tubérculos, el secado del maíz y la conversión de la papa en ch’uñu y moraya, luego del proceso de deshidratación. Señalaba además la época del entroje o almacenado de los excedentes de alimentos en los depósitos imperiales para ser usados en los años de escasez o sequía causados por el cíclico fenómeno de “El Niño”, guerras, pestes, y como parte del sistema de reciprocidad durante los trabajos de la mink’a y la mit’a. De esta manera, la constelación de la Qollqa o Qoto cumplía su misión calendárica y ritual para ordenar las actividades del mundo agrícola y religioso del Ande, es decir, astronomía estelar al servicio de un pueblo observador y previsor.
Hay que agregar también a esta constelación la observación, en esta misma época,  de otro grupo de importantes estrellas tales como la conocida Cruz del Sur y sus punteros o señalizadores alfa y beta del Centauro. Este grupo estelar cuyo nombre se ha perdido en el tiempo,  también fue usado como un marcador astronómico y del que no se tiene más información que nos explique su real significado ni su  papel en el ritual andino. Lamentablemente las antojadizas explicaciones que nos han brindado la mayor parte de investigadores desinformados han conducido a una errónea interpretación de este grupo de estrellas y su rol en el mundo andino (ver entradas antiguas en este mismo blog). Tampoco se debe olvidar la presencia de la Vía Láctea, el Mayu, en toda su plenitud en el cielo de finales de otoño e inicios del invierno serrano, con la gran llama negra que gobierna los ciclos del agua y toda la cohorte de otras constelaciones oscuras que conformaban el mundo del Hanan Pacha.
De este modo Qoyllurit’i habría sido el punto de contacto con las deidades celestes que disponían los elementos necesarios y esperanzadores  para  un año nuevo que se aproximaba porque su sociedad agrícola así lo conceptualizaba.
Otro aspecto astronómico importante es la fecha de realización de este acontecimiento. La celebración de Qoyllurit’i siempre se hacía en la fase de Luna Llena por lo que se deduce que esta fiesta era “movible” porque dependía de la fase lunar más propicia para llevar a cabo los rituales a la montaña y las estrellas. Desde su conversión en festividad católica se le asignó como fecha de celebración dos días antes del Corpus Christi, que siempre cae en fecha próxima a la Luna Llena de Mayo o Junio, según el caso. ¿Coincidencia? ¿Manipulación? No lo sabemos.

La fase de Luna Llena era sumamente importante en las celebraciones andinas (caso de la Situa, el Warachikuy, y otros) y en Qoyllurit’i todavía está latente esta costumbre pues, durante la ceremonia del saludo al Sol, llamado también "Inti alabado", desde las cumbres de las montañas, al día siguiente del día central de la festividad, deben estar siempre presentes en el cielo el Sol (en el orto) y la Luna (cerca del ocaso); es decir, las dos principales deidades andinas presentes en el cielo y ocupando posiciones opuestas, muy parecidas a los dibujos que aparecen en los calendarios que dibujó Guamán Poma de Ayala.
Y no es coincidencia que ambas deidades deban ser “saludadas” y “homenajeadas” juntas porque de otro modo se estaría faltando al principio de la dualidad andina. También sabemos que en esa época del año, anticipaba a la salida del Sol la constelación de la Qollqa o Qoto (Las Pléyades). Así el orden sideral estaba completo. Como detalle curioso y enigmático agregaremos que la roca donde se pintó la imagen de Jesús crucificado, y que actualmente es el motivo principal de esta celebración, se dice que es un  meteorito rocoso gigante. No lo sabemos porque no es permitido obtener una muestra de la roca para hacer un análisis que confirme o niegue tal versión.
La celebración de Qoyllurit’i probablemente haya sido en la antigüedad un evento en el que se unieron aspectos tan importantes como el culto al Sol, a las montañas (Apus), a las grandes rocas sagradas (wankas), a la nieve (Rit’i), al gran rio celestial que es nuestra galaxia (Mayu), y a las estrellas (Qoyllur). La Iglesia, durante la colonia y en su intento de conculcar la religión andina (la tristemente célebre “extirpación de idolatrías”), cambió el sentido de esta celebración andina para convertirla en una fiesta católica, al igual que hizo en otros lugares de los Andes (caso de Wanka, en San Salvador, Calca;  Markaqocha, en Ollantaytambo; y otros tantos lugares del país).
Así, nos encontramos ante festividades y celebraciones andinas llenas de elementos culturales propios y ajenos, muy mezclados (algunos le dicen “sincretismo”),  que han moldeado con el tiempo  una identidad propia y original pero llena de  elementos incomprensibles y hasta contradictorios.
 
¡Cuánta maravilla por conocer y recuperar de la maravillosa cosmovisión andina!
Bibliografïa:
Robert Randall: “Qoyllur Rit’i, an Inca fiesta of the Pleiades: Reflections on time & space in the Andean world”.      Bull.Inst. Fr. Et. And.,1982,XI,Nro.1-2, pp.37-81.
Tom Zuidema: “El Calendario Inca”, Lima, 2011.
Erwin Salazar: “Astronomía InKa”, Cusco, 2012.
Fotografía: Cortesía del fotógrafo y artista Luis H. Figueroa.
 
 


domingo, 19 de mayo de 2013

Ñaupa Iglesia en diario La República de Lima

 
Ñaupa Iglesia:
Articulo publicado en La República, sábado 18 de mayo de 2013.
 
Queridos amigos:
El destacado  periodista,  especializado en temas de turismo y patrimonio cultural,  Roberto Ochoa del diario La República ha escrito un excelente artículo sobre la waka Ñaupa Iglesia, en base a las investigaciones hechas por vuestro servidor.
Las fotografías son de Alvaro Ugarte, con quien tuve la oportunidad de visitar el mencionado lugar.
 
Lastimosamente, el día sábado 18 llovió casi todo el día en Cusco por lo que no llegó la edición del diario La República correspondiente a ese día; sin embargo, aqué les incluyo el link para que lo lean así como recomendarles la lectura del artículo sobre Ñaupa Iglesia que publiqué hace ya un buen tiempo en este mismo blog (verlo más abajo).
 
http://www.larepublica.pe/impresa/larepublica-lima-18-05-2013-pag21
 


miércoles, 30 de enero de 2013

DISPARATES Y NECEDADES (2da. Parte)


DISPARATES Y NECEDADES (2da.Parte)

En la primera parte respondimos algunas preguntas de nuestros lectores y participantes de cursos y conferencias. Aquí  tenemos más.
4. ¿Tenían los Inkas conocimiento de la “redondez” de la Tierra?
R. El argumento en que se basa esta creencia es la existencia de la palabra quechua “Tiqsimuyu” con la que se nombra genéricamente a la Tierra como planeta o mundo. Analizando la palabra tenemos que: “Tiqsi” se traduce como mundo, orbe, universo, fundamento, base, primigenio, etc. (el idioma quechua tiene una increíble cantidad de sinónimos), y “Muyu”: redondo, circular, curva, vuelta, etc. Entonces Tiqsimuyu se podría traducir como  “redondez del mundo”, pero esa “redondez” no se refiere a una forma esférica sino a una circunferencia o círculo aparente que se percibe al observar el horizonte, en toda dirección, desde un punto elevado; es decir, la percepción de que parece redondo o circular. Desde una montaña elevada no se percibe la “curvatura” de la Tierra y pareciera que el horizonte  es plano por todos los lados y, sin embargo, nos parecería como un círculo a nuestro derredor con nosotros en el centro.
Esta visión de “centro” es común y la experimentaron todos los pueblos, sin excepción. Pero la visión “geocéntrica” con la Tierra como el centro del Universo no la tuvieron todas las  culturas antiguas, solo ocurrió en Grecia donde  los llamados  “grandes sabios” (Eratóstenes, Aristarco de Samos, Platón, Aristóteles, etc.) fueron quienes  intuyeron la forma esférica de nuestro planeta por asociación de ideas y por comparación  con el Sol y la Luna, además de observar la proyección de la sombra de la Tierra en la Luna durante el desarrollo de un eclipse lunar.
Recordemos que la idea de que las capitales de las culturas antiguas fueran el centro u ombligo (caso de Roma, Cusco, Pekín o Beiging, etc.) del mundo fue muy común, pues todos creyeron ser el “Axis Mundi” (eje del mundo) alrededor del  cual se extendía el mundo conocido. Todas esas ciudades  constituyeron  el centro de su geografía que los circundaba.
Retomando la pregunta diremos que no poseemos pruebas concluyentes de que tales conocimientos hayan sido desarrollados o conocidos por nuestros Inkas. De haber sido así tendríamos evidencias en los escritos de los llamados “cronistas indios” o en la tradición oral andina en forma de mitos o leyendas y eso,  hasta ahora, no ha sido encontrado.
5. ¿Sabían los Inkas que la órbita de la Tierra era elíptica? ¿ Y que lo descubrieron antes que Kepler?
R. La persona que nos alcanzó esta pregunta aseguró haber escuchado esta afirmación en una conferencia pública acerca de la astronomía de nuestros ancestros. 
La explicación  brindada líneas arriba nos da una respuesta parcial a la pregunta pero más adelante alcanzaremos más información complementaria; sin embargo,  decir que nuestros Inkas conocían que la órbita terrestre es elíptica nos parece un exceso de imaginación y entusiasmo. A continuación analizaremos algunas razones que expliquen la negativa de nuestra respuesta.
La humanidad, para alcanzar este conocimiento que llevó a descubrir la forma elíptica de la órbita terrestre, recorrió un largo camino de estudio, conocimientos matemáticos profundos, así como observaciones muy precisas y complejas de los movimientos de los cuerpos celestiales y de la Tierra. De no haber existido la matemática y la geometría de los griegos, el álgebra de los árabes, así como mediciones exactas hechas por los observadores del cielo, antes que Tycho Brahe,  que llevó las observaciones a un nivel superior, además de la base astronómica que planteó Copérnico, hubiera sido imposible que un genio como Kepler lograra algo.
Kepler (1571-1630), genio matemático, tuvo que abandonar, muy a su pesar,  la idea de que las formas “sagradas” como el círculo y los poliedros geométricos proclamados por la filosofía y religión medieval, no fueran útiles para aplicarlas a la forma de las órbitas en que se movían los planetas alrededor del Sol. Adoptar la forma de una elipse fue una de sus decisiones más  difíciles de aceptar en aquella época. Si los planetas y el Sol eran la obra de Dios debían ser perfectas en sus formas y movimientos, por lo tanto los planetas y el Sol debían ser círculos perfectos y lo mismo se pensaba para sus órbitas. Por supuesto, la Tierra además tenía que estar al centro del Universo puesto que aquí había enviado a su hijo Jesucristo y era el lugar donde se había creado al hombre.  Nada de eso coincidía con las observaciones y mediciones: el Sol tenía manchas que lo hacían imperfecto y al parecer los planetas no describían órbitas circulares; así,  la “imperfecta” elipse fue la solución para descubrir una verdad incontrovertible.
Determinar la forma y medidas de la órbita terrestre solo pudo hacerlo un genio como Kepler  y para ello fue necesario aplicar fórmulas matemáticas  y operaciones complejas para calcular la velocidad orbital y las masas de los planetas, perihelios y afelios, etc. Todo un camino de genialidad e intenso trabajo intelectual.
Si nuestros Inkas hubieran conocido la esfericidad de la Tierra así como su órbita elíptica (antes que Klepler) deberían estar registradas de algún modo y en algún lugar. Si los khipus eran aquellos sistemas que servían  para registrar los cálculos y fórmulas matemáticas que demuestren ello, no lo sabemos. Se sabe que los khipus registraban estadísticas detalladas de aspectos contables (cantidades de cosas y cuentas de ingresos y egresos de alimentos en las qollqas, etc. ) y además mensajes mnemotécnicos con khipus hechos con hilos de colores, contando  la historia de sus gobernantes y sus pueblos. Lo que no sabemos con certeza es si  contenían fórmulas matemáticas o mediciones del tiempo, mediciones espaciales, etc. aplicadas o usadas  para hacer cálculos astronómicos. Tampoco se ha hallado grabados, dibujos o escrituras hechas en piedra u otros materiales que nos muestren estos  aspectos tratados.
Una reflexión final: Invoco a todos los investigadores, estudiosos y divulgadores de la cultura andina no caer en el “ridículo” mostrando una imagen equivocada, distorsionada y  exagerada de nuestra cultura ancestral que no corresponde a la realidad ni a su historia.
No fuimos un pueblo ignorante o atrasado,  ni tampoco un pueblo avanzadísimo que superaba a sus similares del mundo; simplemente fuimos un pueblo con grandes potencialidades, gran organización y maravillosamente hermanado por sus principios morales y éticos. Al mismo tiempo, también tuvimos defectos y carencias propias de cualquier civilización. Cualquier “esnobismo” moderno que pretenda comparar épocas y culturas siempre estará fuera de foco y de lugar.
Esperamos, en el futuro, no leer ni escuchar a investigadores o conferencistas “despistados” que digan que los Inkas  ya conocían la materia y la energía oscura, o la existencia de exoplanetas orbitando  estrellas lejanas, o que conocían la existencia de un agujero negro al centro de nuestra galaxia solo porque algunos signos escalonados tienen un agujero en el centro.
¡Estemos alertas!