miércoles, 8 de octubre de 2008

CONSTELACIONES INKAS: La Pequeña Llama de Plata

Una característica muy particular de la Astronomía Inka fue la preferencia por la observación de cúmulos de estrellas que ocupan áreas reducidas del cielo. Así, determinadas agrupaciones de estrellas brillantes próximas entre sí significaban un buen referente para relacionarlo con una deidad celestial. Casos como el de la Cruz del Sur, las Pléyades, las Hyades, el Cinturón de Orión, etc. son ejemplos demostrativos de ello.
Una constelación en particular propiciaba la saludable vida de los auquénidos recién nacidos y además oficiaba de permanente protector frente a las enfermedades y el peligro de los depredadores. Era la Constelación de la Pequeña Llama de Plata conocida también como la Llamita de Colores y que algunos investigadores creen identificar como Urkuchillay.
Todavía en la actualidad, en algunas comunidades pastoriles del ande, se recuerdan leyendas y mitos referentes a una pequeña llama de colores que protege a los camélidos andinos recién nacidos para asegurar que crezcan sanos y salvos evitando su muerte prematura. De este modo se buscaba obtener el favor divino para incrementar su ganadería lo que garantizaría prosperidad y bienestar general.
La pequeña Llama de Plata, según algunos informantes, sería una estrella individual que se identificaría con Alfa Lira ( estrella Vega) y sería, junto con otras estrellas brillantes , representaciones de una deidad celestial específica.
Es necesario recalcar que los sacerdotes andinos que conocen el mundo estelar andino insisten en que la mayor parte de las estrellas brillantes constituyen en sí mismas una constelación y que solo algunos cúmulos abiertos o agrupaciones cercanas de estrellas puedan ser consideradas dentro de la misma categoría. Sin embargo, la Llama de Plata puede convertirse en una imagen visible en el cielo al “construirse” juntando a las estrellas de la Lira de un modo diferente a la configuración occidental que conocemos.
Uniendo estrellas al modo andino se verá una imagen idéntica al de la imagen que antecede a este artículo.
En términos astronómicos diremos que la estrella Alfa de la Lira, cuyo nombre occidental es Vega ( una brillante estrella de color blanco, magnitud visual 0 y ubicado a 25 años luz de la Tierra) constituye el ojo o la cabeza de la llamita. El hocico lo forman las estrellas Alfa y Epsilon ; el cuello, Alfa y Zeta ; el cuerpo, Zeta y Beta ; la pata delantera, Zeta y Delta ; la pata trasera, Beta y Gamma y la minúscula cola las estrellas Beta y Nu de la Lira.
Esta Constelación Inka se observa en el cielo vespertino desde el mes de agosto hasta mediados de noviembre y precisamente en ésta época es que nacen las crías de los auquénidos. Una comprobación de ello pudo ser observada en el grupo de auquénidos que se crían en la Reserva Eco-turística Privada de Llaullipata, en los alrededores del Cusco, donde por dos años consecutivos fuimos testigos del nacimiento de varias crías de llamas y alpacas precisamente en la época del año que hemos citado.
En tiempo de los Inkas se hacían sacrificios y ofrendas a esta constelación buscando el favor de las deidades para la multiplicación y protección de la ganadería autóctona. Estas ofrendas consistían , además de todos los elementos usados en los rituales, de una pequeñas llamitas de plata, metal que cuando es muy bruñido refleja, a manera de un calidoscopio, los colores de los objetos circundantes. Estas llamitas metálicas son conocidas como Qonopas. Así, la llamita parece tener muchos colores y convertirse en un objeto mágico.
Los cronistas, desde su limitada visión y perspectiva, nos dejaron algo de información al respecto aunque ésta fue tomada por ellos como simples curiosidades de un pueblo atrasado e ignorante. De allí que las crónicas sean fuentes de información incompletas, sesgadas y hasta maliciosamente distorsionadas en algunos casos.
Según parece, Bernabé Cobo copió a Polo de Ondegardo cuando habla del mundo estelar de los Inkas. Precisamente se lee en la “Historia del Nuevo Mundo” de Cobo un texto similar al de Polo que nos sirve como información y referencia a la constelación de la llamita de plata o llamita de colores. Dice Cobo : “Todos los pastores respetaban y hacían sacrificios a la llamada de los astrólogos Lira, que ellos nombraban Urcuchillay, la cual decian que era un carnero de muchos colores, que entendía en la conservación del ganado; y a otros dos pequeños que tiene debajo a manera de T, decían ser los pies y la cabeza; y éstos también hacían veneración a otra que anda cerca deste y llaman Catachillay, que también es algo grande, y a otra más pequeña que anda junto a ella; las cuales fingían que era una llama con su cordero que procedían del Urcuchillay…”
De lo escrito por Cobo no se puede, a ciencia cierta, afirmar nada. Es una compilación confusa y enredada con datos proporcionados por entrevistados que sin duda no eran expertos o conocedores profundos del tema. Además, ni Polo ni Cobo eran versados en astronomía (“astrología” en ése tiempo) y esta ciencia era en ésa época tan vilipendiada por la iglesia que casi todo cuanto se dijera de este tema era tomada como un enfrentamiento al pensamiento dogmático del clero de entonces. Por todo ello el particular punto de vista del pueblo Inka con respecto al ordenamiento cósmico (constelaciones, planetas, estrellas y otros) fue no solamente ignorado y marginado como simple curiosidad o “conocimiento errado” sino combatido con rigor por constituir el pensamiento de un pueblo atrasado y poseído del poder del demonio. Así era la idea que el invasor y saqueador peninsular tenía de nuestra etnia.
Lo que queda por dilucidar es la posibilidad de que la Llama de Plata o Llama de Colores sea la misma que el Urkuchillay, la mítica llama celestial. Se dice que ésta deidad (Urku = Macho) influía en el cubrimiento de las hembras en la época de celo permitiendo la óptima multiplicación de los auquénidos pero muchos conocedores del tema afirman que Urkuchillay es una constelación oscura y no una estrella, y que ocupa un lugar opuesto al de la otra llama negra que se ubica hacia el centro de la galaxia.
Nadie nos ha dado una respuesta definitiva y lo poco que ha quedado a manera de mito o leyenda es solo un pálido e incompleto recuerdo de aquella maravillosa astronomía que desarrollaron nuestros antepasados. Tal vez hayan todavía algunos herederos de tan maravilloso legado en algún lugar de los Andes…ojalá!.

viernes, 12 de septiembre de 2008

LOS APUS : ¿Un Vínculo Geo-Cósmico?



Desde la más remota antigüedad el Valle del Qosqo (Cusco) sirvió de escenario para el desarrollo de varias etnias asentadas en su espacio geográfico. Aquí vivieron los Lares, Poqes, Wallas, Antasayas, Sawasiras y otros en diferentes momentos del lejano pasado, tal como nos explicaron los investigadores de la historia. Todos ellos dejaron en la tradición oral sus orígenes míticos y sus conexiones con el mundo de lo divino o sobrenatural.

Entre estos entes tutelares destacaban aquellos que por su monumentalidad y fuerza telúrica representaban verdaderos centros de poder e importantes hitos geográficos. A éstos se les llamaba APUS. Apu es una palabra quechua que significa literalmente : Protector, Gran Señor, Jefe Supremo, Deidad Natural, Ente Tutelar, etc.
En resumen, son las colosales montañas que rodean y protegen el ámbito geográfico de la región del Qosqo. Sus elevadas cumbres de nieve perpetua le dan la categoría monumental que los caracteriza. Dos fueron los Apus “principales o mayores” que según la tradición se encargan de la protección de la ciudad del Qosqo : El Awsanqati y el Sallqantay ( Ausangate y Salkantay en el quechua españolizado y moderno); el primero de ellos ubicado hacia el Este y el segundo hacia el Oeste, ambos a más de 50 Km. de la ciudad del Qosqo.
Además de ellos, el Qosqo está rodeado en un radio de 10-20 Km. de otras montañas menores también considerados Apus. Ellos son : El Pillku Orqo (hoy llamado Picol),el Pachatusan y el Wanak’auri, todos ellos ligados al origen de los primeros asentamientos o pueblos citados líneas arriba.
Todos estos Apus representaban poderosas e imponentes fuerzas espirituales y telúricas que marcaron la personalidad de los pueblos que los tomaron como sus protectores o entes tutelares. La cosmogonía Inka, rica en su interpretación mágica de los fenómenos y procesos naturales encontró en ellos los vínculos con el mundo superior de los dioses, con el mundo del Hanan Pacha ( el “cielo” andino).
Es necesario también hacer un comentario sobre el uso de palabra Apu en otro contexto: aquél que se refiere a personajes de linaje o elevado rango que usaban la palabra Apu antes de su nombre para significar su especial categoría personal, social o militar, pero ese es otro tema del que no comentaremos en esta ocasión.

Respecto a la naturaleza de los Apus, el prestigioso investigador cusqueño Arq. Germán Zecenarro B. manifiesta: “El escenario geográfico era entendido y concebido como la morada de las entidades tutelares y de las fuerzas cósmicas que regían la vida de todas las criaturas. De esa manera, existían determinados lugares o espacios con mayor atracción que otros, sitios donde la fuerza telúrica absorbía al espíritu humano envolviéndolo en la inmensidad cósmica” ( “Las Llactas”, en Rev. Arkinka Nro,132, Nov.2006).
Aquí encontramos entonces el vínculo GEO-COSMICO que le da el sello característico a la cultura andina. Debo aclarar que el término geo-cósmico fue usado originalmente por el investigador norteamericano Gary Ziegler cuando escribió acerca de sus estudios en Llactapata (cerca de Machupicchu) y la orientación de su templo principal hacia la salida del Sol en el solsticio de invierno y sus vínculos con el Intiwatana de Machupicchu.
En la misma perspectiva encontramos que todos los diseños arquitectónicos de las urbes quechuas estaban orientadas hacia los Apus lo que refuerza la unión íntima con éstas divinidades. Corrobora el Arq.Zecenarro cuando en otro párrafo de su artículo dice: “…eran los Apus o las divinidades tutelares los puntos focales hacia los cuales los trazos de los k’ijllus o calles, orientaban sus perspectivas”. (Op.Cit.). Y estas conexiones las encontramos en muchos lugares siendo uno de los más importantes el lugar denominado Laq’o, también conocido como Salonniyuq, Amaru Mach’ay, Waka Mantokalla,etc. y que queda a un kilómetro al noreste de Qenqo. Allí, desde la cima del roquedo y donde hay huellas de haber sido un lugar ceremonial, se puede avistar a los dos grandes Apus del Qosqo: el Awsanqati y el Sallkantay que a manera de centinelas, señalan dos importantes puntos cardinales.
Finalmente, desde una perspectiva más “científica” diremos que los Apus vienen a ser los símbolos del poder de los elementos, especialmente del agua. Los nevados son los que captan el agua de la atmósfera la que es conservada en estado sólido y mediante los procesos del deshielo proporcionan un permanente flujo de agua que mantiene la vida de los seres vivientes de los valles interandinos. El hombre andino piensa que este elemento líquido de los nevados se refuerza con los manantiales que surgen de la profundidad de la tierra y que comúnmente aparecen en lugares elevados dándole una significación de generosidad de tales entes tutelares. Además, el hecho de que son montañas inalcanzables para el escalamiento de los humanos (no se conoce de andinistas andinos que hayan coronado sus cumbres) los hace ver como los más próximos al Hanan Pacha y los que dialogan con la divinidad.
Un ejemplo de ello es el Apu Pachatusan cuyo significado es “El Gran Señor que apuntala el firmamento” o lo que es igual a decir que sobre sus hombros sostenía el mundo. Así de increíble es el realismo mágico del pueblo andino en la interpretación de su fantástico mundo y de su inseparable vínculo geo-cósmico.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Los ECLIPSES y los INKAS



Los asombrosos fenómenos de los eclipses de Sol y de Luna fueron para el pueblo Inka sucesos tan extraordinarios e incomprensibles que trastocaban su Cosmos y eran interpretados como un grave desequilibrio en el mundo del Hanan Pacha (el mundo de arriba).
Si bien es cierto que “tuvieron cuenta” de ésos fenómenos, “no alcanzaron a saber sus causas” como nos dice Garcilaso. Sin embargo, se conoce por la tradición oral que tales fenómenos eran interpretados como señales negativas derivadas de la incorrecta conducta de los humanos y la respuesta de sus principales deidades celestiales, el padre Sol y la madre Luna, quienes manifestaban su enojo e inconformidad con los actos de sus hijos. En otros casos se interpretaba como la acción de las fuerzas malignas que amenazaban a los humanos, éstos eran la enfermedad, el infortunio o las calamidades en el entorno celestial.

Garcilaso nos aclara una parte del panorama cuando escribe: “Decían al eclipse solar que el Sol estaba enojado por algún delicto que habían hecho contra él, pues mostraba su cara turbada como hombre airado y pronosticaban ( a semejanza de los astrólogos) que les iba de venir algún grave castigo” (Libro II Cap.XXIII, Comentarios Reales). Pero no nos explica lo que respecta a la intervención de otros seres sobrenaturales. Es Montesinos quien detalla mejor cuando dice que los eclipses eran acciones del dios Wiraqocha para destruir al Sol y a la Luna por causa de las malas acciones de los hombres. Para ello enviaba a un león (el puma, tigrillo u ocelote deificado llamado Choqechinchay) y una serpiente (Amaru, Mach’aqway) para cumplir el terrible mandato. Estos monstruos celestiales pretendían devorar al Sol o la Luna durante el eclipse.
De allí la actitud de los habitantes del Tawantinsuyu por calmar la ira de Wiraqocha y alcanzar su perdón. Sabedores de la magnanimidad y bondad del supremo creador se juntaba el pueblo para rogar llorando y con grandes alaridos de dolor pedir suplicantes su indulgencia. Los niños, por ser los seres más inocentes, así como los perros eran los más solicitados para los ruegos y peticiones. A los niños se les obligaba a llorar intensamente y a los perros se les daba de palazos y fuetazos para obligarlos a dar lastimeros aullidos de dolor. Cuando iba pasando el eclipse la tranquilidad volvía al mundo e inmediatamente se hacían sacrificios diversos para evitar su retorno.
Pensaban ellos que no haber llorado y rogado el castigo hubiera sido inminente; es decir, el advenimiento de una oscuridad total y permanente. Además temían que el castigo se consumara con una maldición sobre sus herramientas u utensilios: Los hombres temían que sus herramientas agrícolas se conviertan en feroces pumas y las mujeres temían que sus ruecas y telares se convirtieran en serpientes venenosas.
Bernabé Cobo aclara que los hombres, durante un eclipse de Luna, se “ponían a punto de guerra” y mientras tocaban tambores (y otros instrumentos) tiraban lanzas y flechas hacia la Luna como si quisieran herir al “león y la sierpe”, porque decían que de esta manera los espantarían para que no despedazasen la Luna.

El investigador Alfredo Alberdi nos refiere en su libro “Tiksimuyu: el Universo” , en el capitulo sobre los eclipses, algo interesante cuando dice: “En la idea andina los eclipses de Sol deben tenerse cuidado porque pueden revivir la generación antigua, los gentiles; el Sol fue quien los destruyó a esos hombres antiguos (ñaupa runa) pero muchos de éstos se salvaron introduciéndose en las profundas cavernas que construyeron; éstos son los que salen, a veces, en las noches de luna reencarnados como hombres del presente, pero se retiran a sus antros antes que despunte los primeros rayos del Sol que los puede aniquilar, nuevamente; temen que el mundo actual fenezca con un eclipse solar y reviva el pasado de las tinieblas”.
Con respecto a la Luna el relato de Garcilaso remarca la dimensión del fenómeno. “Conforme el eclipse, grande o pequeño, juzgaban que había sido la enfermedad de la Luna. Pero si llegaba a ser total, ya no habría que juzgar sino que estaba muerta, y por momentos temían el caer la Luna y el perderse de ellos; entonces era más de veras el llorar y plañir, como gente que veía al ojo la muerte de todos y acabarse el mundo. Cuando veían que la Luna iba poco a poco volviendo a cobrar su luz, decían que convalecía de su enfermedad, porque Pachacamac, que era el sustentador del Universo, le había dado salud y mandándole que no muriese, por que no pereciese el mundo”.

Todavía hoy, en algunas comunidades andinas, cuando ocurre un eclipse se Sol, se acude a los templos para encender unas velas y pedirle a Dios que no permita que el Sol apague su luz ni nada perturbe la paz de los pueblos.

sábado, 26 de julio de 2008

LAS PLEYADES: Su rol en el mundo andino


Fue la constelación estelar más importante de la astronomía Inka y hasta tuvo un templo propio dentro del Qorikancha. Se dice que era la madre de todas las estrellas y también que es una pieza clave para comprender el calendario Inka.
Nos referimos al cúmulo estelar abierto más bello y popular del cielo observable. Su nombre técnico es M 45 (El Número 45 del Catálogo Messier) y en los mapas estelares aparece como Eta Tauro (referido a su principal estrella Alcyone) porque está ubicado dentro de esa constelación occidental. En los países de habla hispana se le llama “Las 7 Hermanas” o las 7 Cabrillas. La mayor parte de sus estrellas más brillantes están ubicadas a unos 400 años luz de distancia de la Tierra y por su espectro se sabe que son estrellas azules, muy jóvenes, calientes y todavía envueltas dentro de la nube de gas y polvo cósmico que les dio origen. Según la mitología griega son las 7 hijas del gigante Atlas y la bella Pleione.
En la cosmología de los pueblos andinos desempeñaba un importantísimo papel por ser un grupo estelar que al ser observado atentamente por especialistas servía para pronosticar la cantidad de precipitación pluvial o los cambios climáticos que se verían cuando llegase la temporada de lluvias. Todavía hoy en día sigue cumpliendo ese rol en algunas comunidades campesinas.
Recordemos que en la sierra peruana no se aprecian las cuatro estaciones del año que define el clima de otras latitudes. Aquí las estaciones de centralizan en dos grandes épocas o ciclos: Tiempo de Secas ( o Secano) y Tiempo de Lluvias. Por lo tanto, es diferente a otros lugares el modo de apreciar las variaciones climáticas y la planificación de las campañas agrícolas.
Le llamaban “Qollqa” (almacén, granero, deposito) porque era referencia inequívoca de la calidad y cantidad de la producción agraria futura y por tanto el almacenamiento de excedentes en esos almacenes que había en todo el Tawantinsuyu para socorrer al pueblo en casos de escasez o emergencia.
Leyendo documentos antiguos, especialmente el llamado “Manuscrito Anónimo de Huarochirí” de autor desconocido y probablemente escrito hacia 1600, se puede saber que la observación de las Pléyades era el mejor modo de diagnosticar el comportamiento del clima y la cantidad de lluvias que debían llegar hacia octubre o noviembre. Tales observaciones se realizaban en la época de su primera salida helíaca (la primera observación en el cielo de la mañana, antes de la salida del Sol) que ocurre cada año entre la segunda y tercera semana del mes de Junio, justamente antes del Inti Raymi, la gran fiesta del Sol.
Dice el documento (en versión explicada) que “Cuando las estrellas de la Qollqa se veían grandes y brillantes vendría un época de lluvias normales y por lo tanto buenas cosechas para alegría de todos, pero si éstas se veían pequeñas y débiles vendrían épocas de sufrimiento y de hambre”
Esta versión, aparentemente anecdótica y hasta tribial, fue tomada por mucha gente como simple mito o parte de la ignorancia campesina. Sin embargo, también hubo gente que se dedicó a hacer investigaciones y hoy en día podemos decir, con el apoyo de la ciencia, que nuestros antepasados tenían la razón.
La prestigiosa revista norteamericana especializada en astronomía Sky & Telescope, en su edición de Junio 2008, ha publicado un artículo del conocido arqueoastrónomo Edwin C. Krupp en el que se comenta, aparte de mostrar la importancia de las Pléyades como pronosticador del clima en los antiguos pueblos griegos y del mediterráneo, un informe sobre su importancia en el mundo andino. Krupp da cuenta de los estudios realizados por el Antropólogo norteamericano Benjamín Orlove, quien ayudado por el climatólogo John Chiang y el Meteorólogo Mark Cane hicieron un interesante estudio que detallamos a continuación:
Orlove, maravillado con los relatos referidos a las Pléyades (Qollqa) y su relación con la época de lluvias que le habían sido referidas en muchas comunidades andinas, dedicó su tiempo a hacer un estudio de la climatología de la sierra peruana y su relación con las observaciones de la Qollqa.
Reunió a un equipo de especialistas y luego de buscar estadísticas climatológicas de más 30 años en varios puntos de la sierra peruana, además de abundantes fotografías tomadas por satélites meteorológicos, llegó a concluir que en los años normales los vientos predominantes van de Este a Oeste llevando los vientos hacia la costa y permitiendo de este modo un equilibrio atmosférico que derivaba en cielos limpios en junio y julio (época de observar a la Qollqa) y lluvias normales desde octubre y noviembre.
Pero en los años en que el clima se torna anormal, caso de la ocurrencia del llamado Fenómeno del Niño, las aguas del Océano Pacífico son calentadas por la Corriente del Niño ( que viene del Norte, junto a las costas ecuatorianas) lo que produce excesiva evaporación y calentamiento del aire. Esto provoca unas nubes llamadas cirrus (grandes franjas de nubosidades tenues y vaporosas que casi no se advierten) sobre la llanura amazónica, entre los 6 y 10 mil metros de altura. Al ser traídos por las corrientes de aire hacia la sierra sur, cubren los cielos de manera casi invisible, produciendo la visión borrosa y debilitada de las Pléyades (Qollqa).
De allí nace aquello de ver las Pléyades (Qollqa) brillantes o débiles y su rol de pronosticador del clima futuro, específicamente, de la época de lluvias.
Todavía hoy en día, en muchas comunidades andinas donde hay agricultores con una gran sensibilidad e intuición para estos trabajos, se hace la observación de la Qollqa y si se presentan sus estrellas debilitadas y sin mucho brillo entonces se sabe que las lluvias llegarán más tarde de lo acostumbrado; por lo tanto, la siembra de la papa debe hacerse más tarde de lo acostumbrado y asimismo tomar otras estrategias para paliar la falta de lluvias tempranas o buscar otras soluciones.
Pero esto no termina simplemente con una explicación científica que acaba con el encanto y el misterio de la Qollqa…hay muchas otras cosas que nos tiene guardadas. Se las diré pronto.

Bibliografía:
“Weathering the Stars” By E.C. Krupp. Sky & Telescope, Magazine. USA. June, 2008 Pag. 43-45
“Un Fiel Puñado de Estrellas” Mariano Ribas, Argentina, 2007.

jueves, 24 de julio de 2008

LA VIA LACTEA : EL HATUN MAYU


En las noches de junio y de julio, luego del anochecer, podemos ver entre las estrellas del cielo nocturno una gruesa franja débilmente iluminada y de apariencia nubosa que cruza el firmamento de noreste a suroeste. Es la porción central de nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Lastimosamente esta bella e increíble visión solo es posible, en la actualidad, desde lugares lejanos y oscuros debido a la creciente polución lumínica de las ciudades derivada del mal uso del sistema de iluminación eléctrica y que impide ver el cielo estrellado.
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene unos 200,000 millones de estrellas además de nebulosas formadas por gas y polvo interestelar, y constituye un complejo sistema de unos 100,000 años luz de diámetro. De perfil parecería una estructura lenticular con un centro brillante y más abultado. Visto desde arriba ( o desde abajo) parecería una rueda espiral con brazos o ramales girando a una velocidad de 250,000 años por cada vuelta.
Aquí vivimos, en uno de sus brazos lejanos, a 30,000 años luz del centro, formando parte de un sistema planetario alrededor de una estrella de tamaño mediano llamado Sol. Desde nuestra perspectiva alcanzamos a ver, en todas su plenitud, la parte central de la galaxia que pareciera estar sobre muestras cabezas. Observando con detenimiento la Vía Láctea podremos darnos cuenta que a lo largo de ella hay una serie de manchas oscuras, a manera de sombras, que intercalan o parecen enredarse con las porciones brillantes. Son las enormes cantidades de materia cósmica (polvo y gas interestelar) que no están siendo iluminadas por estrellas cercanas y por eso interceptan la luz de las otras estrellas de fondo. Este material oscuro, además, servirán para formar nuevas estrellas en el futuro.
Para los Inkas esta franja luminosa constituía la personificación celestial de su río sagrado que recorre el Valle Sagrado : El Willka Mayu (hoy llamado Vilcanota).
Las diferentes posiciones del río celestial eran de particular interés para establecer los ejes matrices de la geografía tawantinsuyana (nor este – sur oeste y nor oeste – sur este). Así, durante los equinoccios o solsticios, el Hatun Mayu servía para establecer ciertas direcciones en el horizonte para vincular a los Suyus o regiones con la gran capital y darle a ésta su verdadero rol geopolítico; es decir, el Centro del Tawantinsuyu, el Ombligo del Mundo (eso significa la palabra Qosqo o Cusco). La comprobación de lo planteado aquí, simplemente se demuestra combinando en un gráfico, las dos posiciones extremas del Hatun Mayu y como resultado tendremos que el punto de aparente intersección o giro de la galaxia queda en el cenit del Qosqo.
A todo lo manifestado podemos agregar también que los ejes principales de los caminos Inkas, los Hatun Ñan, siguen la misma orientación que la galaxia.

Dentro del Hatun Mayu estaban también representados los muchos personajes mitológicos y sobrenaturales de su rica cosmología, y que tenían participación activa en los ciclos naturales (estaciones) y los procesos reproductivos (agro y pecuaria).
Precisamente esas manchas o sombras constituyen las llamadas “Constelaciones Oscuras” y en ella se puede apreciar una gran cantidad de seres mitológicos o representaciones sobrenaturales de animales que pertenecen a la cosmología Inka.
Entre estos tenemos:
La Llama Sideral conocida como Yakana (Llama Kamaq?) o Qatachillay.
La Pequeña Llama o Uña Llama. Es la cría que amamanta a su madre.
El Zorro o Atoq que es infaltable en todos los cuentos y mitos andinos.
El Pastor o Michiq cuya misión es proteger a la llama sideral y su cría.
El Kuntur o Cóndor andino.
La Perdiz o Lluthu que viene a ser la nebulosa oscura del Saco de Carbón, en la Cruz del Sur.
El Sapo o Hampat’u, entre el pie de la Cruz del Sur y Eta Carinae.
La Culebra o Serpiente, llamada Mach’aqway.
El Oso Celestial o Ukhumary, escondido en la zona norte de la galaxia.
La Alpaca Negra o Yana Allpaka, Una alpaca macho escondida en la zona de la constelación occidental de Cygnus (Cisne).
El Venado o Taruka o LLuych’u, también escondido.
Y quedan muchos otros seres sobrenaturales en la porción norte de la galaxia y de los que se ha perdido la información a través de los 500 años de “ignorar y rechazar las creencias y la religión andina” porque se pensaba que era producto de una mentalidad “primitiva e ignorante”. ¡Qué poco respeto se tuvo del pensamiento andino y su relación dios - naturaleza!
En próximos artículos detallaremos, en la medida de nuestras investigaciones, cada una de las Constelaciones Oscuras y con ellas la importancia o rol que desempeñaban dentro de ese maravilloso e increíble esquema celestial andino.
Finalmente, es necesario comentar ( y también invitar) la lectura del trabajo de W. Sullivan : “El Secreto de los Incas” que trata precisamente del Hatun Mayu y la hipótesis que sugiere que los grandes eventos de la historia incaica estaban vinculados a la observación de la Vía Láctea y su inevitable cambio de posición a causa de la precesión de los equinoccios que determinó la finalización de un tiempo o era llamado “pachakuti”. Sin duda, un trabajo polémico e interesante del que comentaremos en el futuro.

miércoles, 16 de julio de 2008

LOS PLANETAS DE LOS INKAS


Puriq Qoyllur (Estrella Caminante) fue el nombre que los sabios del Tawantinsuyu dieron a los planetas.
Y es que para cualquier observador atento y perseverante es fácil darse cuenta que en el cielo estrellado, luego de algunas semanas de observación paciente, hay ciertas “estrellas” que van desarrollando movimientos aparentemente erráticos por entre las demás estrellas. Algunas de ellas, con movimientos lentos, parecen quedarse rezagados ante las demás estrellas (caso de Júpiter o Saturno) y otras que algunas veces parecen adelantarse a las estrellas por unas semanas y luego regresar en sentido contrario o aparecer un tiempo de un tamaño pequeño para luego retornar convertido en una enorme “estrella” luminosa (caso de Marte) ; y por último, otras que solo se ven al atardecer o al amanecer y nunca llegan a situarse en el cenit (caso de Venus y Mercurio). Cinco son estos errantes del cielo que se les puede ver a ojo desnudo (simple vista) y hay que ser muy poco curioso o demasiado indiferente para no darse cuenta de sus cambios de posición cuando se observa el cielo nocturno durante una temporada.

Estos cinco Puriq Qoyllur fueron ampliamente conocidos y observados por los sabios especializados del Qosqo( Los Hamaut’as, Willaq Umu, Killawata Qhipukamayuq, etc.) quienes sabían de sus movimientos dentro del ordenamiento cósmico. Lo que desconocemos es el aspecto astrológico que pudieron representar los planetas para nuestros sabios. No hay referencias concretas para saber si los planetas “influían” en las acciones humanas o que “determinaban” hechos extraordinarios.
Sabemos, por nuestras largas jornadas de investigación, que el significado que le dan a cada uno de los Puriq Qoyllur en algunos pueblos andinos, está muy influenciado por la astronomía occidental; sin embargo, también se puede pensar que tal vez hayan ciertas coincidencias con otras culturas o alguna raíz primitiva que nos lleve a pensar que alguna vez las culturas ancestrales estuvieron relacionadas. Puede alguien negar ésa posibilidad?
Revisemos, para comenzar, la lista de planetas de estos cinco planetas y sus nombres quechuas:
Mercurio : Qhatu Illa
Venus : Ch’aska
Marte : Auqayuq
Júpiter : Phirwa
Saturno : Hauch’a
Sobre el significado de cada uno de los nombres quechuas hay una variedad muy grande de interpretaciones no habiéndose llegado a un acuerdo debido a la falta de un acuerdo y consenso entre los investigadores. Sin embargo, intentaremos algunas definiciones.

Sin duda alguna, entre los planetas conocidos destaca Venus o Ch’aska por ser el planeta más brillante y por ser el de los movimientos más fácilmente discernibles. Ch’aska aparece una veces en el cielo del amanecer y otras en el cielo del poniente. En el término de un año se posiciona por muchas semanas unas veces antes del orto y otras después de la puesta del Sol pero jamás se aleja demasiado del astro rey debido a que su órbita es interior, es decir, que se halla entre la Tierra y el Sol.
Los Inkas pensaban que Ch’aska era un sirviente del dios Sol y por eso siempre estaba cerca de él, dispuesto a servirlo. Los cronistas españoles interpretaron como un paje del rey Sol. Ch’aska significa cabellos desordenados o enredados lo que tal vez sirvió para explicar el brillo tan intenso, a manera de rayos, que tiene este planeta.
Otro planeta importante fue Júpiter debido a que también tiene un intenso brillo pero su recorrido orbital es diferente al de Venus. Júpiter “camina” muy parsimonioso por el cielo avanzando siempre hacia el Este en su movimiento aparente por el cielo. Nada lo detiene y siempre aparece brillante y conspicuo entre las constelaciones. Es característico su color amarillento – verduzco lo que difiere de Venus que se ve blanco. Se le conocía con el nombre de Phirwa ( su significado es poco conocido) y se dice que este planeta era el protector de las Qollqas (almacenes de alimentos deshidratados y otros ) que por todo el Tawantinsuyu abundaban a fin de que nunca falte abastecimientos y reservas para los tiempos duros de hambruna y/o escasez.

El planeta Marte también era bien conocido debido a su inconfundible color rojizo y a las épocas de acercamiento a la Tierra, fenómeno que se observa cada dos años. En cada acercamiento Marte aparece grande y brillante convirtiéndose en una “estrella” de brillo espectacular que provoca admiración de todo el que lo ve. Se dice que representa al patrono de las guerras y acciones militares por eso lo llamaron Awqayuq (derivado de Awqa que significa enemigo, guerrero, soldado, etc.)

Saturno era conocido por el nombre de Hauch’a y era para los hombres andinos la “estrella” que podía traer pestes y enfermedades así como infortunios. En realidad poco se sabe del conocimiento de este planeta que también tiene un brillo intenso y una coloración amarillenta. Sobre el nombre Hauch’a poco se sabe sobre su real significado pero se asocia con una hierba venenosa y con la peste.

Finalmente, Mercurio, el planeta que solo se ve en contadas oportunidades también tenía un nombre quechua: Le llamaron Qhatu Illa que traducido libremente sería “Mercado o lugar de trueque de la madrugada o inicio del día” Y es que este planeta era el protector de los que llegaban a la gran capital trayendo sus productos o mercaderías para ser intercambiados por otros de la zona. Sabemos que grandes caravanas de llamas cargadas con pescado seco y mullu (conchas de mar, indispensables para los rituales) llegaban desde el Chinchaysuyu o cargamentos de Qañiwa, Ch’uñu (papa deshidratada), Ch’aqo (una arcilla medicinal),etc. llegaba del Qollasuyu. Del Antisuyu llegaba la hoja sagrada Kuka (coca), frutas de la selva, pieles de tigrillos, boas y otros reptiles.
Mercurio por ser un planeta interior también es visto siempre cerca del Sol; unas veces por delante y otras veces por detrás solamente que nunca se aleja tanto como Venus porque su órbita no se lo permite.

LA CATEGORIA DIVINA DE LAS SUQANQAS


Dice Garcilaso en sus Comentarios Reales que en la ciudad del Cusco y más propiamente en los cerros aledaños y plazas principales, se alzaban unas columnas de piedra ricamente labradas a las que el pueblo veneraba porque constituían lugares sagrados donde el dios Sol hacía presencia para señalar fechas específicas del calendario.
Tales columnas llamadas suqanqas o saywas tenían carácter sobrenatural y por ello, en ciertas épocas del año, eran bellamente adornadas con flores, tejidos y otros ornamentos. Eran los días correspondientes a solsticios, equinoccios o épocas de siembra, cosecha, trasquila del ganado, etc. en los que la luz del Sol proyectaba sombras en ciertas direcciones que determinaban la exactitud de una fecha esperada. Ese día era motivo de especiales celebraciones y precisamente, la devoción y magnificencia con que se cumplía este ritual fue la causa de su sistemática destrucción. Los intolerantes y dogmáticos religiosos hispanos asociaron este ritual de profundo y respetuoso homenaje al dios Sol con una práctica idolátrica de adoración al demonio. Consecuencia de ello fue la casi inmediata orden de destrucción.
Cada columna o mojón constituía en sí misma una waka (santuario – adoratorio) porque representaba una manifestación divina según la cual el propio dios Sol, como buen padre, ofrecía a sus hijos una muestra de su inmenso poder: la llegada de una época o fecha del año que debía ser rigurosamente observada y registrada en los quipus para determinar criterios y medidas para una adecuada planificación del calendario agrícola, pecuario o ritual.
Muchas de estas suqanqas, especialmente las más grandes, que se ubicaban en las cumbres de los cerros que rodean la ciudad hacia oriente y hacia occidente fueron registradas como wakas principales durante el registro que hizo el religioso, cronista y extirpador de idolatrías Bernabé Cobo antes de proceder a su destrucción como parte del proceso de evangelización católica y su lucha contra “los infieles e idólatras indios”. Tal vez sólo porque Cobo cumplió con este registro dispuesto por las instancias superiores pudimos enterarnos de la existencia de tales santuarios y marcadores.
La destrucción de wakas se cumplió rigurosamente y de las 328 (aproximadamente) que existieron hoy no quedan sino unos cuántos muy destrozados, casi irreconocibles y de los que sólo quedan sus nombres españolizados que han perdido su original significado. La peor parte se llevaron las suqanqas de las que no quedó ni la cimentación por temor de que el pueblo indígena volviera a ésos lugares a seguir “adorando al demonio” como decían las autoridades religiosas.
De las suqanqas que tenemos el registro correspondiente y que tienen la categoría de waka sólo algunas están más o menos explicadas en la relación de Cobo. Así tenemos:
Por el Este : Región del Antisuyu y parte del Collasuyu (Qollasuyu)
An. 4:6 (Sexta waka del 4to. Seqe del Antisuyu)
Se llamaba Illansayba (Illary saywa?- columna del amanecer?) el que según Cobo eran unas piedras a las que hacían sacrificios los visitantes del Antisuyu: Por el nombre pensamos que más bien era un marcador del solsticio de invierno en el momento de la salida del Sol.
An. 5:7 (Sétima waka del 5to. Seqe del Antisuyu)
Se llamaba Aquarsayba (?) y era una waka de gran veneración. No se conoce los detalles pero el nombre sayba (saywa) denota, de por sí, una gran columna o mojón de piedras.
Co. 4:9 (Novena waka del 4to. Seqe del Collasuyu)
Era un cerro grande llamado Sinayba ( ?) Comentario: Muchos cerros aledaños al Cusco, especialmente los más lejanos, eran tenidos por saywas naturales debido a que una columna o mojón hubiera sido muy difícil de ver a tal distancia. Entonces un método más sencillo habría sido observar la salida del Sol en la línea de mira de algún perfil, roquedo o alguna escarpadura muy particular en un cerro en un cerro. En la región del Cusco los cerros son muy escarpados y no falta algún detalle orográfico que sirva para tal propósito.
Por el Oeste : (Región del Chinchaysuyu y parte del Cuntisuyu)
1. Ch. 6:9 (Chinchaysuyu) Sobre el cerro Quiangalla (quechua españolizado) habían dos mojones o pilares que tenían por señal cuando llegaba el invierno (21 de Junio)
2. Ch. 8:7 Eran dos mojones que señalaban la fecha de la siembra del maíz (Sara, en quechua) y donde hacían sacrificios para procurar una buena siembra.
3. Cu. 13:3 (Cuntisuyu) Eran dos mojones en el cerro Chinchincalla (hoy en día no identificable) a las que llegaba el Sol en época de siembra (de la papa?)
La mayoría de los lugares de identificación de las suqanqas que señala el documento de Cobo no han sido encontradas debido, como ya dijimos, a su destrucción total y de las que no se dejaron “piedra sobre piedra”.
Así fue la torpe, injusta e ignorante actitud del invasor español cegado por sus dogmas y su afán de esconder una manifestación cultural tan sabia y avanzada que encontraron en estos territorios.